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Análisis del Global Hunger Index 2023: El Impacto del Estancamiento del Hambre en la Juventud 

La observación más reciente del Global Hunger Index 2023 muestra una preocupante detención en la erradicación del hambre a nivel global. Esta inmovilización plantea serios desafíos, especialmente para la juventud, que enfrenta las consecuencias de un sistema alimentario problemático.
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La observación más reciente del Global Hunger Index 2023 muestra una preocupante detención en la erradicación del hambre a nivel global. Esta inmovilización plantea serios desafíos, especialmente para la juventud, que enfrenta las consecuencias de un sistema alimentario problemático. Este escenario no solo impacta el presente, sino que moldea el futuro de generaciones venideras, lo que demanda acciones urgentes y efectivas para revertir esta tendencia preocupante. 

El reporte del Global Hunger Index (GHI) de 2023 revela una realidad inquietante: la batalla contra el hambre a escala global se ha detenido. A pesar de los progresos en diferentes esferas, la erradicación del hambre continúa siendo un desafío pendiente. Esta parálisis representa una seria preocupación para la juventud, quienes se ven inmersos en un sistema alimentario que no solo les afecta, sino que heredarán con todas sus complicaciones y retos asociados. 

El informe GHI 2023, desarrollado por WHH y Concern Worldwide, muestra que la puntuación global se ha mantenido estancada desde 2015, a pesar de los esfuerzos realizados desde entonces. La situación del hambre, aunque se considera moderada, no ha mejorado de forma significativa. Esto es especialmente inquietante porque afecta desproporcionadamente a la juventud, cuyo desarrollo físico y cognitivo se ve afectado por la falta de acceso a una alimentación adecuada. 

En 2023 la puntuación del GHI a nivel mundial es de 18.3, un ligero aumento con respecto a 2022, cuando era de 18.2. Esta puntuación también es apenas inferior a la de 2015, que era de 19.1, lo que demuestra una desaceleración en comparación con años anteriores. Además, desde 2017, la prevalencia de la subalimentación ha aumentado, pasando de 572 millones a aproximadamente 735 millones de personas. 

El informe señala que múltiples crisis superpuestas, como la pandemia de COVID-19, conflictos armados, el cambio climático y el estancamiento económico, han contribuido significativamente a la parálisis en la lucha contra el hambre. Estas crisis han acentuado las desigualdades, lo que ha afectado especialmente y de forma directa a personas de bajos y medianos ingresos. 

La juventud es uno de los grupos más afectados por esta situación. La inseguridad alimentaria y la desnutrición son más frecuentes en el sur de Asia y África al sur del Sáhara, donde se concentra la mayoría de la población joven. Esto tiene importantes y graves implicaciones, ya que la infancia y la adolescencia son períodos críticos de rápido crecimiento y desarrollo físico. La inseguridad alimentaria y el hambre son obstáculos importantes en el camino de las generaciones más jóvenes hacia un desarrollo completo y saludable. 

El informe también destaca que el hambre sigue siendo una amenaza grave o alarmante en 43 países y que, de seguir manteniendo este ritmo, 58 países no lograrán reducir significativamente el hambre para 2030. Seis países tienen puntuaciones de GHI consideradas alarmantes, y tres más se designan provisionalmente como alarmantes. 

La falta de soberanía alimentaria se ha convertido en un problema central en esta situación. La pérdida de soberanía alimentaria, en particular en países de bajos y medianos ingresos, ha sido acelerada por diversos factores, como el colonialismo, la mala gobernanza, la intensificación de la agricultura y el crecimiento de los monocultivos. Estos factores han amenazado los sistemas agrícolas y de conocimiento locales, contribuyendo a la inseguridad alimentaria y nutricional. 

Para abordar esta problemática, se requiere una nueva dirección en la transformación de los sistemas alimentarios. Promover sistemas agrícolas sostenibles y menos intensivos en insumos, así como proporcionar oportunidades de empleo para la juventud en el sector alimentario, son esenciales. Esto implica garantizar la participación significativa de la juventud en la formulación de políticas alimentarias a largo plazo, mejorar su acceso a recursos productivos y ofrecer empleos justos y sostenibles dentro de los sistemas alimentarios. La soberanía alimentaria y la equidad de género también desempeñan un papel fundamental en la solución de estos desafíos y en la garantía de la justicia generacional. 

El estancamiento en la lucha contra el hambre exige un enfoque renovado y acciones coordinadas a nivel global. Abordar esta problemática exige un abanico de estrategias: 

  • Inversión y desarrollo en agricultura sostenible: Promover la agricultura sostenible puede fortalecer la seguridad alimentaria a largo plazo, asegurando cosechas más resistentes y sistemas agrícolas más eficientes. 
  • Acceso equitativo y general a la educación y salud: La educación y la salud son pilares fundamentales para romper el ciclo del hambre. Garantizar un acceso equitativo a servicios de calidad es esencial para el desarrollo integral de la juventud. 
  • Cooperación a nivel global y políticas efectivas: La colaboración entre gobiernos, organizaciones no gubernamentales y entidades internacionales es crucial y necesario para implementar políticas efectivas que aborden las causas subyacentes del hambre. 

La falta de soberanía alimentaria, como se destaca en el GHI 2023, se ha convertido en un problema central. La pérdida de este derecho, particularmente en países de bajos y medianos ingresos, ha sido acelerada por varios factores, desde el colonialismo hasta la mala gobernanza. Esta situación ha amenazado los sistemas agrícolas locales y ha contribuido a la inseguridad alimentaria. 

La Red Internacional de Derechos Humanos Europa (RIDHE) se compromete activamente con causas relacionadas con la crisis del hambre, abogando por el respeto y la protección de los derechos humanos en la lucha contra la inseguridad alimentaria. A través de campañas de concientización, presión política y trabajo en red con organizaciones locales e internacionales, la red busca influir en las políticas gubernamentales y en la comunidad internacional para garantizar la implementación de estrategias efectivas que aborden las raíces del hambre, promoviendo así el acceso equitativo a una alimentación adecuada y sostenible para todos. 

Informe completo: Global Hunger Index 2023 

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